La movilidad será sostenible o no será

La movilidad responde a la necesidad de desplazamiento entre diferentes localizaciones para desarrollar actividades económicas y sociales. Por lo tanto, la movilidad es clave tanto para el transporte de las persones como de los bienes. El transporte y la movilidad facilitan el funcionamiento del sistema social y económico de un territorio, pero al mismo tiempo, pueden provocar impactos ambientales y, la carencia o falta de planificación de los mismos, pueden originar problemas sociales, de exclusión, disminución de oportunidades, etc.

Vehículo

En la última década ha habido un cambio de paradigma, si antes hablábamos de transporte ahora hablamos de movilidad. Pero el cambio tiene otra dimensión, si antes la atención se centraba en la seguridad, la sociedad actual ha dado un paso más y quiere no sólo una movilidad segura sino también sostenible. Al inicio del siglo XXI podemos decir, parafraseando a André Malraux, que “la movilidad será sostenible o no será”.

Una movilidad sostenible implica ámbitos muy diversos, desde la jerarquización de la red viaria al diseño urbanístico. Tan necesario como la priorización del transporte público es un plan urbanístico que tenga en cuenta la movilidad. El diseño urbano ha de favorecer la densidad urbana y tener en cuenta la estructura del transporte público colectivo  a la hora de planificar nuevos enclaves sociales o económicos.

La movilidad sostenible es un trabajo de todos y que requiere la coordinación entre los diferentes niveles de la administración pero también una participación amplia de la sociedad: entidades de transporte público, representantes de la economía, asociaciones de usuarios, …

Las nuevas tecnologías y el acceso a la información en tiempo real permitirán una gestión más eficiente y más inteligente de la movilidad. Por ejemplo, disponer de información en tiempo real permite tomar decisiones más eficientes y las nuevas aplicaciones permiten optimizar la movilidad personal al favorecer el uso compartido del vehículo privado.

Susana Serrano, consultora en Altran

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La relación consultor/a – administración pública en el desarrollo de proyectos en la Smart Society: un nuevo paradigma

El actual escenario económico, y probablemente el que nos vamos a encontrar a medio plazo,  exige a la Administración Pública la prestación de servicios con un presupuesto cada vez más limitado, mediante una gestión eficiente, eficaz y un manejo sostenible de los recursos disponibles. Adicionalmente, la sociedad, de una manera cada vez más activa, reclama una mayor participación, control y transparencia en la gestión de lo público.

Estos hechos requieren de nuestros gobernantes una revolucionaria manera de enfocar su trabajo. Los paradigmas que sostienen nuestra sociedad caen con asombrosa rapidez, lo que no permite una toma de decisiones basada en actuaciones y “mejores prácticas” precedentes. Como dijo Einstein, “los problemas significativos que afrontamos no pueden solucionarse en el mismo nivel de pensamiento en el que estábamos cuando los creamos”.

Smart Cities

Por ello, nuestra labor como consultores que colaboran con la Administración Pública en proyectos relacionados con el desarrollo de las “sociedades inteligentes” consistiría en actuar como dinamizadores de este tipo de proyectos, actuando como catalizadores e inductores de los mismos. ¿Cómo?

En primer lugar, promoviendo un cambio cultural en la administración pública que suponga una ruptura  total respecto a la actitud mostrada habitualmente en cuanto a la gestión de la innovación, buscando el compromiso de los responsables e inspirándoles para superar la aversión al riesgo. Nuestra experiencia en la implementación de proyectos en organismos públicos nos ha enseñado que sin una adecuada inversión en la gestión del cambio aumentan significativamente las probabilidades de no lograr los resultados esperados.

En segundo lugar, proponiendo soluciones imaginativas con el menor coste posible. El alto precio de ciertas tecnologías no debe suponer un freno a la innovación. En muchas ocasiones las ideas innovadoras se pueden desarrollar con aplicaciones y herramientas informáticas open source que minimizan el impacto financiero del proyecto.

Además, ayudando a cuantificar el retorno de la inversión, tanto en términos económicos como sociales. La decisión de un gestor público a la hora de afrontar un determinado proyecto se verá reforzada si se le ofrece información del impacto económico del mismo en términos de ahorro en la tesorería del organismo y/o su autosostenibilidad (que el proyecto sea capaz de generar ingresos que soporten el coste de su ejecución y mantenimiento), y los ahorros obtenidos por los resultados de la nueva situación que proporciona la implantación del proyecto. Como ejemplos podemos citar: el menor gasto en gasolina al mejorar la gestión del tráfico en una ciudad, la disminución del gasto en sanidad al mejorar la calidad del aire, o los provenientes de medidas de mejora de eficiencia energética en edificios públicos.

Otra manera de valorar la conveniencia de llevar a cabo un determinado proyecto, como cálculo de precio social, consiste en aplicar la tasa social de descuento, que mide el coste efectivo para la sociedad de utilizar capital en una inversión y permite descontar los beneficios y los costes futuros de un proyecto de inversión gubernamental para convertirlos en valores presentes, teniendo en cuenta las preferencias de la sociedad respecto al consumo presente y futuro y las posibilidades de inversión dentro de la economía.

Finalmente, actuando como promotores de proyectos, intermediando entre el sector público, empresas, y universidades fomentando su participación y encontrando recursos adicionales para su financiación. Posibles fórmulas pueden ser:

  • La colaboración entre el sector público y el privado mediante el denominado “modelo PPP (Public.Private partnership”). Este modelo consiste en que a través de acuerdos de cooperación entre entes públicos y privados se implica al sector privado en el diseño, construcción, ampliación, mantenimiento, refacción, gestión y/o financiación de infraestructuras o servicios de interés público, transfiriéndole riesgos y responsabilidades, pero manteniendo, al tiempo, la Administración, potestades de control y regulación de la actuación de los entes privados intervinientes.
  • El acceso a fondos proporcionados por iniciativas y programas impulsados por la Unión Europea, tales como “Cívitas”, orientada al transporte y el medioambiente, y “Concerto”, cuyo objetivo consiste en crear un futuro más sostenible para las necesidades energéticas de Europa.

En definitiva, atrás han quedado los tiempos en que la actitud del consultor podía ser reactiva ante los cambios del mercado y las necesidades de las administraciones: nos toca mover pieza.

Nacho Ascorve, Consultor en Altran



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Smart City Expo World Congress

Hace tan sólo un par de meses, con motivo de nuestra participación en la 10ª Diada de las Telecomunicaciones de Cataluña, os invitaba a acompañarnos en este recorrido hacia nuestro futuro en Smart Society, la necesaria evolución de las Smart Cities.

Desde entonces, hemos intentado que este espacio se convierta en un foro que alimente con ideas el debate sobre los diversos caminos que se nos presentan. Gracias a vuestra participación, en forma de comentarios y en las redes sociales, seguimos con mayor ilusión si cabe perseverando en este empeño.

La semana que viene se celebra en Barcelona el Smart City Expo World Congress desde el 29 de Noviembre hasta el 2 de Diciembre, como una oportunidad para la eficiencia económica de ciudades y municipios. Este congreso, que cuenta además con una parte de exposición, pretende dar respuesta a una serie de interrogantes bajo el lema “Smart society for innovative and sustainable cities”. Para ello, ha estructurado su programa en base a los siguientes ejes temáticos:

  • TIC – Martes 29 de Noviembre.
  • Vidas y personas (People & Living) – Martes 29 de Noviembre.
  • Urbanismo (Urban Planning & ICT infrastructure) – Miércoles 30 de Noviembre.
  • Gobierno y financiación(Governance & Funding) – Miercoles 30 de Noviembre.
  • Medio ambiente (Environment) – Jueves 1 de Diciembre.
  • Energia (Energy) – Jueves 1 de Diciembre.
  • Movilidad (Mobility & Transportation)– Viernes 2 de Diciembre.

Además, este programa se complementa con cuatro espacios temáticos que tratarán temas más concretos: Smart Rural, Smart Spain, Smart Green y Railway Forum. Para más detalles se puede consultar el programa en la web del congreso.

Desde Altran vamos a contribuir al congreso, esta vez en el ámbito Mobility & Transportation (dentro de Movilidad Integrada), con la participación en el mismo de Sébastien Renouard, nuestro Executive Director AeroSpace, Defense & Railway International, quien nos hablará de aeropuertos inteligentes.

Os esperamos en el congreso y, por supuesto, en éste, nuestro espacio de encuentro.

Isabel Ordoyo, Directora de Sector Público de Altran

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Smart Social Media y Ciberactivismo (y II): Plataformas profesionales de activismo online

Smart Social Media y Ciberactivismo

Tal como apuntábamos en nuestra entrada anterior sobre Ciberactivismo, desde hace unos años han surgido en Internet plataformas de activismo online que pretenden convertirse en espacios de influencia y movilización social, al mismo tiempo que comercializan servicios basados en los Smart Social Media.

Avaaz y Actuable son dos ejemplos que están teniendo una cierta relevancia en nuestro país. Avaaz centra su ámbito de actuación en temas de justicia social, medioambiente y derechos humanos, siguiendo una agenda y línea editorial propias. En cambio, Actuable (recientemente fusionada con la norteamericana Change.org, empresa artífice de la campaña online de Barak Obama en su carrera hacia la Casa Blanca), enmarca su actividad empresarial en una oferta profesional de servicios premium de difusión y promoción destinada a entidades sin ánimo de lucro. Adicionalmente, la compañía pone su plataforma online en modo freemium al servicio de cualquier individuo o asociación que pretenda realizar activismo en pro de causas políticas o sociales, con la finalidad de crear formularios de peticiones para la recogida de firmas. Según sus responsables en España, dichas plataformas permiten materializar las opiniones que se difunden en las redes sociales y convertirlas en acción, al dotarlas de visibilidad y permitir la cuantificación de la opinión. En palabras de Francisco Polo, creador de Actuable, con respecto al papel de las redes sociales en las campañas de ciberactivismo: “Twitter y Facebook son fundamentales para conseguir cambios. La mayor parte de nuestro tráfico viene de estas dos fuentes. No se trata de crear una red social alternativa, sino de saber usar los cauces y entender que hay hueco para servicios con un fin concreto”.

Existe, de todos modos, cierta controversia entre partidarios y detractores del activismo online frente a los medios tradicionales de acción sociopolítica. Teóricos como Micah White han acuñado el término “Clicktivism” para definir sus carencias y defectos. Según el autor, el ciberactivismo es una amenaza para el auténtico activismo social, al tener en cuenta únicamente resultados cuantitativos cercanos al marketing (clicks)  y al ser frío y tecnócrata. En respuesta a sus teorías, autores como Ben Brandzel sostienen que el activismo online, ciertamente limitado, no debería ser un fin en sí mismo, sino un medio de expresión  que permita unir capacidades y recursos para construir una verdadera infraestructura de participación ciudadana en el mundo “offline”, donde se produzcan formas de reivindicación social y de participación democrática en el sentido tradicional.

Smart Social Media y Ciberactivismo: Campañas de recogida de firmas

Cabe deducir, pues, que los Smart Social Media son una forma eficaz de comunicación y participación ciudadana en la vida política, pero en ningún caso su efectividad se centra únicamente en las acciones de marketing llevadas a cabo en Internet, sino que deben tener su correspondencia en otros medios de acción y expresión democrática para llegar a ser capaces de provocar cambios sociales y políticos efectivos en el mundo… “real”.

Yolanda Mulet, Gerente de Operaciones de Altran, responsable de eComunicación.

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Smart Ubiquity: ser Smart en el mar de Apps

Para hacer un uso realmente Smart de nuestra ubicuidad debemos sacar provecho de todo el potencial que nos ofrecen las nuevas Apps. Llegar a conocerlo es en sí un trabajo duro, por lo que las corporaciones que quieran que sus trabajadores saquen todo el jugo de las Apps deberán dedicar su departamento de tecnología a seleccionar y ordenar las Apps corporativas (sean públicas o no) que recomienda a sus empleados. Por ello, emerge con fuerza el concepto de MDM, Mobile Device Management, destinado a facilitar que estos departamentos puedan gestionar los dispositivos y aplicaciones de los empleados. Para el uso personal tenemos, cada uno de nosotros, la responsabilidad y libertad de usar las Apps que más nos convengan.

En estos momentos la tecnología nos ha abierto las puertas a poder trabajar y acceder a información desde cualquier lugar y en cualquier momento, con el valor añadido de conocer nuestra ubicación, red social, preferencias… El mercado de las Apps ha demostrado ser un ecosistema vivo, donde las mismas nacen, crecen, se reproducen, evolucionan y mueren…

En este contexto, todo el mundo trata de anticipar lo que se puede llegar a hacer. Sin embargo, nadie fue capaz de preveer en su momento que lanzar pájaros enfadados sobre cerdos ladrones de huevos valía millones.

 

Su creador simplemente lanzó “Angry Birds” al mercado y los usuarios la han seleccionado entre el resto de aplicaciones. De igual manera podemos, y creo que debemos, empezar a lanzar Apps en lugar de hablar sobre ellas. Es el momento de aprovechar la capitalidad de Barcelona como Mobile World Capital y lanzar todas las Apps que se nos ocurran que puedan ayudar a la ciudadanía a tener una vida más Smart. Siguiendo un principio de selección “natural”, las que sean realmente útiles, usables, y den con la funcionalidad acertada, prevalecerán.

Finalmente, no podemos olvidar que estas aplicaciones deben ser accesibles para el máximo porcentaje de población posible: debemos luchar contra la fractura o brecha digital, que en estos momentos parece tener más riesgo de agrandarse por motivos económicos que por motivos de usabilidad. Los nuevos dispositivos como iPhone y aplicaciones como Google, Facebook o Gmail han demostrado que la simplicidad de uso es uno de los aspectos clave para el éxito de las aplicaciones tecnológicas y de comunicaciones. La aplicación de tarifas y dispositivos asequibles para el gran público, la tercera edad, los desempleados,… es un aspecto clave para disponer de una sociedad Smart, especialmente en tiempos de crisis económica como los que nos está tocando vivir. No podemos suponer que la ciudadanía dispondrá de dispositivos de última generación, de 300 euros mínimo, para cada miembro de la familia, y con una tarifa de Internet de entre 15 y 20 euros al mes. Si no conseguimos bajar estos costes (como por ejemplo en India con las nuevas tabletas Android a 50 euros) nos podemos encontrar que la inversión, tanto pública como privada, destinada a dotar de nuevas posibilidades a los ciudadanos, no alcance a gran parte de la sociedad.

En conclusión, es el momento de desarrollar Apps que saquen provecho de toda la información que ya tenemos en la nube, pero sin olvidar que para que la ciudadanía sea ubicua y Smart tenemos que ser capaces de superar los peajes de la compra del dispositivo, la tarifa de conexión a Internet, la comunicación, y evitar que se pierdan en el mar de Apps de los mercados.

Albert Botella, responsable de Mobile Apps en Altran

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Smart Social Media y Ciberactivismo (I): Acción social y política a través de las redes sociales

Smart Social Media y Ciberactivismo

Vivimos tiempos difíciles. La crisis económica, los recortes en los servicios públicos, el paro creciente, el cierre constante de empresas… son factores que generan una desafección política y un malestar en la sociedad que tienen su máximo reflejo en los Social Media. Las redes sociales, junto con otras herramientas y plataformas de la llamada Web Social -o Web 2.0- se han consolidado como los auténticos catalizadores del activismo civil en los recientes movimientos de protesta ciudadana a escala mundial. La primavera árabe, el #15M, el #OccupyWallStreet, el #15O… tienen su razón de ser y deben en gran medida su éxito de convocatoria a Internet y a las redes sociales.

Las razones son obvias. Algunas de las cualidades que han posibilitado este nuevo paradigma de activismo online a través de los Smart Social Media son: gran capacidad de diseminación de los mensajes a nivel exponencial, internacionalización, efecto de inmediatez permanente, bajo coste o coste cero, capacidad de comunicación audiovisual en un mundo dominado por la imagen, carácter interactivo y participativo, facilidad para la prescripción y recomendación, usabilidad, accesibilidad multidispositivo y libertad de expresión. Son cualidades que convierten dichas plataformas en los canales adecuados para llevar a cabo acciones de comunicación que requieran de un altavoz lo más amplificado posible y cuyo retorno de inversión Coste/Beneficio sea muy alto.

Pero, más allá de estos movimientos espontáneos de movilización social, sin líderes visibles ni cúpulas organizativas y basados en estructuras horizontales de participación ciudadana, existen otro tipo de organizaciones que aprovechan las ventajas del ciberactivismo como herramienta de marketing y de soporte a la acción en el mundo “real” (o mejor llamémosle físico u “offline”, puesto que hoy en día ambos mundos coexisten y se confunden como planos distintos de una misma realidad). Son las ONG y las empresas de emprendimiento social.

Organizaciones como Greenpeace, Intermon o Amnistía Internacional, por citar algunos ejemplos, utilizan Facebook, Twitter, blogs y plataformas específicas de activismo online (propias y ajenas) en sus estrategias de comunicación. Sus objetivos son múltiples: la llamada a la movilización social, la captación de socios y adhesión de miembros o voluntarios, la recogida de firmas, la solicitud de donativos, etc. Para destacar algunas de sus campañas citaremos, a modo de ejemplo y por el impacto generado y los logros conseguidos, las siguientes:

  • Greenpeace, contra el uso de aceite de palma para la fabricación de Kit Kat por parte de Nestlé. Greenpeace consiguió a través de una impactante campaña de comunicación online que Nestlé dejara de usar aceite de palma procedente de los bosques de Indonesia, actualmente en proceso de deforestación, para la fabricación de su chocolatina Kit Kat.
    La respuesta de la compañía fabricante del producto fue acertada, respondiendo adecuadamente a las demandas de la ONG y dando una imagen pública de respeto a la voluntad popular.Campaña de Greenpeace en Social Media
  • Amnistía Internacional contra el hambre. AI desarrolló una campaña viral de sensibilización contra el hambre y la pobreza en el mundo en Youtube y redes sociales, jugando precisamente con la paradoja de la superficialidad de los contenidos que suelen colgarse en dicho medio y que provocan un consumo compulsivo de ocio, que no admite esperas, y comparándolo con la dificultad de acceso a los alimentos en determinadas poblaciones del mundo.

Más allá de las campañas de marketing y comunicación llevadas a cabo por distintas ONG, han surgido en Internet otras iniciativas, en el ámbito privado, que ponen al servicio de la ciudadanía la capacidad de generación de campañas de comunicación y de participación en acciones de ciberactivismo.  Son las empresas de emprendimiento social.

De algunas de estas iniciativas hablaremos en nuestra siguiente entrada de Smart Social Media .

Yolanda Mulet, Gerente de Operaciones de Altran, responsable de eComunicación.

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Smart Ubiquity: bases para la ubicuidad

Es innegable que los conceptos de Smart City o Smart Society van muy a menudo íntimamente ligados a los nuevos medios de acceso a la información desde cualquier lugar mediante dispositivos móviles o portátiles. Así, el concepto de Smart Ubiquity, que nos parece más apropiado que Smart Mobility o Smart Mobile, lo podemos asociar a las posibilidades para ser más eficientes que nos ofrece la conexión independiente de la localización. Así como los Smartphones son Smart por las posibilidades que nos ofrecen y no por el uso que realmente hacemos de ellos, la Smart Ubiquity puede ser juzgada también por los horizontes que nos abre. La ubicuidad nos permite trabajar, compartir y colaborar de forma más eficiente y sostenible mejorando la productividad de nuestros procesos administrativos, personales y de negocio, pero no se debe caer en el error de suponer que la ubicuidad por sí sola nos dota de mayor eficiencia.

La ubicuidad no ha aparecido repentinamente, de la noche a la mañana, sino que los avances en telecomunicaciones, nuevos dispositivos y tecnologías de la información nos han ido dotando de ubicuidad creciente. Repasemos brevemente cuál ha sido la evolución de los mismos:

1. Llamadas y SMS: Con la llegada de la segunda generación (2G) de comunicaciones móviles se popularizaron los teléfonos móviles que permitían las llamadas y el envío de textos cortos SMS.

 2. Primeros accesos a Internet: Con la tecnología WAP tuvimos la primera oportunidad de acceder a información de Internet desde cualquier punto, pero su rendimiento y usabilidad no eran suficientes para suponer la revolución que se anticipó.

 3. Correo electrónico en el móvil: Con las primeras Blackberries se podían recibir y enviar correos desde el móvil, lo que permitió realizar muchas más gestiones fuera del lugar habitual de trabajo.

 4. Smartphones: Con la aparición de la tercera generación (3G) de comunicaciones se mejoraron los tiempos de respuesta y navegación. La aparición de dispositivos como el iPhone o los nuevos dispositivos Android nos proporcionó por fin lo que WAP prometía: acceso a Internet, rápido, usable y con dispositivos ligeros y autónomos.

5. Internet ubicua: Con la 3G no sólo pudimos conectar el móvil a Internet sino que también aparecieron en el mercado los dispositivos USB que permitían  conectar el portátil. Poder trabajar con un portátil desde cualquier lugar con red móvil es el máximo nivel de ubicuidad posible.

Evolución telefonía móvil

Así pues, somos ubicuos para llamadas desde los años 80 y somos ubicuos para el correo electrónico desde mediados del año 2000; ahora bien, ¿podemos considerar que este tipo de ubicuidad era Smart? Consideramos el adjetivo Smart cuando la tecnología nos permite acceder a sistemas que nos ofrecen información adicional sobre nuestro entorno en base a sensores y datos de Internet. Dicho esto, consideramos que la Smart Ubiquity empieza con los Smartphones y la red 3G, que nos permite desarrollar y acceder a aplicaciones de negocio.

Se requieren múltiples elementos para que saquemos realmente provecho de estas posibilidades:

  • Red de comunicaciones: Somos ubicuos dentro del alcance de la cobertura de nuestro operador de telecomunicaciones y dependiendo de la calidad de la señal.
  • Dispositivos de última generación: A día de hoy, el 50% de los teléfonos móviles en España siguen sin ser Smartphones y sin permitir a sus usuarios acceder a Internet de forma cómoda y productiva. Este porcentaje decrece rápidamente y, si seguimos el ejemplo de los Estados Unidos, pronto llegaremos a porcentajes de Smartphones del 80-90% del total de teléfonos móviles.
  • Tarifas y conexión: La ubicuidad necesita de conexión móvil a Internet, lo que la hace dependiente de los operadores de telefonía. Este hecho puede levantar miedos a la dependencia, pero al tratarse de un servicio que se está convirtiendo en básico no debe levantar más miedo que la dependencia que tenemos a, por ejemplo, la compañía del agua.
  • Datos accesibles en la nube: Para que podamos crear nuevas Apps (aplicaciones) para el acceso ubicuo,  los datos y documentos deben residir en la nube (cloud). Todo aquello que tengamos almacenado localmente en un dispositivo no será accesible desde otros.
  • GPS, cámara, acelerómetro,..: Los nuevos dispositivos complementan su funcionalidad con capacidades de posicionamiento y análisis del movimiento que permiten desarrollar aplicaciones de realidad aumentada, geoposicionamiento, cálculo de rutas,…. Estas capacidades convierten a los Smartphones en una parte sustancial de los sensores Smart.
  • Aplicaciones de negocio: Disponer de un Smartphone y de una buena conexión a Internet nos dota de algunos componentes básicos como el acceso al correo, a los SMS, a la mensajería instantánea, a los mapas o a la creación de notas. Estas herramientas básicas nos abren un mundo de teletrabajo y de inmediatez en las comunicaciones insospechado años atrás. Para llegar al siguiente paso se están creando millares de Apps en los stores (tiendas virtuales de aplicaciones) de las distintas plataformas que nos permiten acceder a millares de nuevos trámites, gestiones, procesos de negocio, ofertas y descuentos.

Todo ello nos dota de un mundo de posibilidades que el desarrollo e implantación de sistemas de información puede y debe explotar para contribuir a una sociedad más Smart y más ubicua. Próximamente exploraremos dichas posibilidades buceando en el mar de aplicaciones (Apps) que nos rodea.

Albert Botella, responsable de Mobile Apps en Altran

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Smart Work: una oportunidad en la economía del conocimiento

El mundo es urbano.  Más de 4.200 millones de personas, el 60% de la población mundial, vivimos en grandes ciudades.  Lo hacemos atraídos por la esperanza de una vida mejor, con más trabajo y más oportunidades, pero también temerosos de las amenazas crecientes para nuestra calidad de vida que implica su ritmo frenético, el estrés de tráfico y desplazamientos, la polución y la congestión demográfica y una vida laboral intensa a conciliar afanosamente con nuestro entorno personal.

Uno de los conceptos que contribuyen a mejorar nuestra vida logrando el trinomio sostenibilidad medioambiental, calidad de vida e innovación como motor económico en las grandes ciudades, es el Smart Work.  Este epígono derivado del más amplio Smart Cities, o Smart Society, supone la utilización de tecnologías de información y comunicación para una gestión inteligente del trabajo que aporte mayores rendimientos productivos, sociales y medioambientales.

Trabajo inteligente, supone hoy incorporar en el management de las organizaciones y de las personas, las dimensiones positivas que la revolución TIC ha implicado: movilidad y ubicuidad, comunicación permanente, conectividad, teletrabajo, acceso global y constante al conocimiento, networking, viralidad, gestión flexible de nuestro propio tiempo, posibilidad de aprovechar todo el caudal de inteligencia social y gestión de ideas y servicios, más que de recursos, en una economía digital.

Los medios están ya al alcance de todos: según Ericsson 1.000 millones de personas en el mundo tienen acceso a banda ancha móvil. Hoy Smart phones, dispositivos móviles y tablets o portátiles conectados a través de banda ancha o redes ultrarápidas, permiten gestionar ágilmente servicios y contenidos digitales integrados,  transferirlos en tiempo real con sistemas de voz y datos, correo electrónico o redes sociales, compartirlos con sharepoints, video conferencia gratuita o centros virtuales de conocimiento, cogestionarlos con servicios colaborativos en red o de participación múltiple, ubicarlos con sistemas georeferenciados o explotar su información con aplicaciones de Bussines intelligence.

Pero ¿estamos aprovechando realmente todo ese caudal de valor? ¿Cómo trabajar Smart? ¿Cómo conseguir que el trabajo inteligente mejore nuestra vida y beneficie a las organizaciones y empresas con las que trabajamos?

1.      En primer lugar es necesario asumir el cambio de paradigma que facilita la tecnología en la economía digital, el entorno laboral y las organizaciones, reestructurándolas y contribuyendo a definir de forma más eficiente el ciclo de generación de productos y servicios y su valor en el mercado. Las tecnologías son un factor de incremento de competitividad que mejora recursos y procesos pero también requiere habilidades distintas y complejas como discriminar el exceso de información o cuidar la presencia virtual.  Smart Work = tecnología + nuevos procesos.  

2.      En segundo lugar  es necesario aprovechar las oportunidades de la economía del conocimiento : Nuevas relaciones laborales, más flexibilidad e interconexión en redes de las organizaciones y de las personas dentro de ellas o creación de entornos colaborativos  que sirvan para gestionar talento y conocimiento, aprovechando todo el caudal de inteligencia social. Smart Work = colaboración + conocimiento en red.

 3.      La oportunidad más importante que supone el Smart Work, surge de los cambios de modelos de gestión o management, como el cambio del modelo de presencia al  de eficiencia. La cultura de aportación de horas de trabajo debe sustituirse por la de cumplimiento de objetivos claros y medibles. La conciencia de productividad y eficiencia debe calar en trabajadores y organizaciones a través de la orientación a resultados. Ello exigirá capacidad de autoprogramación, gestión eficiente del tiempo, y elección de TIC que mejoren el valor añadido de nuestro trabajo, así como herramientas de reporte de teletrabajo, sincronización de agendas, trabajo en grupo, gestión documental compartida etc…  Smart Work = autogestión eficiente + cultura de objetivos. 

Con todo, el discurso choca con la realidad:  salvando excepciones somos aún un país rígido y presentista.  Frente al discurso novedoso, las estructuras tradicionales de management persisten: la realidad estadística delata que en España sólo teletrabaja el 8% de la población laboral, frente al 17% de países como Finlandia o el 15% en EEUU, sólo un 11% de trabajadores tiene un contrato a tiempo parcial o con jornadas flexibles o reducidas, la aplicación de medidas de flexibilidad horaria o a la carta como medida de conciliación o de motivación es aún muy escasa y estamos entre los países de la OCDE con menor movilidad laboral y geográfica de profesionales. Y ello a pesar de las ventajas asociadas a la flexibilidad o el teletrabajo, como ahorro energético, costes de estructura, adaptación de costes a producción, motivación coste 0, u otras sociales y personales como mejora medioambiental, conciliación personal y familiar, ahorro de tiempos etc..Todo ello compone un escenario en que ni el tejido productivo ni los profesionales acaban de dar el salto de la economía industrial a la del conocimiento.

España y la UE afrontan retos de incremento de productividad que nos obligan a definirnos para mejorar el ratio de la ecuación tiempo de trabajo/ resultado obtenido. Si queremos saldar esa ecuación con un mayor valor de nuestro trabajo, la crisis económica nos obligará a trabajar más Smart: empresas y profesionales deberemos innovar y reinventarnos para trabajar de forma más productiva, flexible,  versátil, innovadora, móvil, en red, y convirtiendo el conocimiento en valor. Trabajar Smart es una oportunidad de crecer y avanzar.

 Ana Morilla, Gerente de Políticas Públicas de Altran

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Smart Health para las enfermedades crónicas… un pilar en la construcción de nuestra Smart Society

 La semana pasada, el 29 de septiembre, se celebró en Barcelona la jornada “Las tecnologías digitales como herramienta para la prevención y la atención a la cronicidad”, en la que se puso de relieve que la población con enfermedades crónicas va en aumento constante, y consume una buena parte de los recursos sanitarios.

Crecimiento de los enfermos crónicos - Proyección

En la jornada participaron representantes de las Consejerías de Sanidad de diversas procedencias, explicando su visión desde su experiencia regional o estatal: Cataluña, Comunidad Valenciana y Dinamarca. En general, se está de acuerdo en que el objetivo de reducir el consumo de recursos sanitarios por parte de las personas con enfermedades crónicas tiene que derivarse de un objetivo más global, que es la mejora de la calidad de vida de estos colectivos, y que entronca con lo que venimos defendiendo en este blog: la  necesidad de que el retorno social acompañe siempre al económico.

En este orden de cosas, se han llevado a cabo ya algunas iniciativas basadas en destinar recursos para velar por la buena salud de estas personas, lo que debería revertir en una mejora de su calidad de vida. En este contexto, las nuevas tecnologías pueden ser de gran ayuda, siempre que haya una correcta utilización, pero sobre todo una implantación exitosa de las mismas, ya que se percibe un cierto desencanto en algunas casuísticas en que la utilización de las nuevas tecnologías no ha ayudado a la buena comunicación entre las personas, sino al contrario, con el agravante de que en algunos de estos casos el dispendio de los proyectos tecnológicos ha sido elevado. Así, se percibe ya la Gestión del Cambio como uno de los ejes estratégicos en los que orientar los esfuerzos para llevar a buen término cualquier iniciativa en este ámbito.

Se revela pues necesario un cambio en el modelo asistencial, que sin embargo debe empezar por la educación de las personas, primero ya en la prevención de hábitos que pueden provocar o facilitar que sean víctima de las enfermedades crónicas; y, posteriormente, en disponer los medios para minimizar la caída del enfermo crónico en crisis que empeoren su calidad de vida y lo hagan consumir recursos asistenciales que, hoy en día, están más pensados para pacientes agudos que para crónicos.

En este contexto, cabe destacar el proyecto que Altran está llevando a cabo en Francia (conocido como Sophia), de la manos de la Seguridad Social de nuestro país vecino (la CNAMTS), que está basado en tres ejes: procedimientos y conocimiento, tecnología, y recursos humanos. El programa, que cuenta actualmente con 100.000 pacientes en 19 Departamentos franceses, está basado en un “coaching” que tiene como objetivo mantener el buen nivel de salud de los enfermos, evitando las recaídas que empeoran su calidad de vida y que a su vez consumen los preciados recursos sanitarios. El proyecto comenzó como un piloto, y se va extendiendo por Departamentos, con un nivel de satisfacción muy elevado entre pacientes y personal médico y sanitario, y con excelentes estimaciones de ahorro en cuanto al gasto por paciente.

Sophia

En estos momentos Altran está realizando la difusión de este proyecto-programa en los Departamentos de Salud de nuestro país, con el fin de estudiar la viabilidad de su aplicación (con las variantes necesarias) en las Comunidades Autónomas españolas, a partir de los resultados que se están obteniendo en Francia y de las coincidencias en las problemáticas de origen.

En fin, nos parece que en los tiempos actuales, inmersos como estamos en un clamor popular por un aumento de la eficiencia en la gestión de los recursos públicos, y en concreto de los sanitarios, se impone un replanteamiento del modelo sanitario en general y del tratamiento de las enfermedades crónicas en particular. En este sentido, se nos antoja imprescindible un liderazgo político firme que permita sacar adelante iniciativas que ayuden a ordenar una situación que se prevé delicada, debido a la amalgama de proveedores de servicios sanitarios existentes actualmente, a los múltiples procedimientos implantados y por implantar, los modelos de compra al uso y los que habrá que definir, los recursos destinados, …

Pongámonos pues manos a la obra, por la salud de nuestros enfermos y por el futuro de nuestra sociedad.

Joaquim Garcia, Gerente de Sector Público y Sanidad de Altran

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Smart Society, la necesaria evolución de las Smart Cities

Ya hace meses, años incluso, que administraciones y empresas le damos vueltas al concepto de Smart City. Éste hace referencia a las ciudades inteligentes o del futuro, ciudades sostenibles económica y medioambientalmente, y que a nuestro entender nace de la conjunción de dos momentos de nuestra historia reciente: la acelerada evolución de las tecnologías relacionadas con la electrónica, la informática y las comunicaciones; y la necesidad acuciante de obtener mayor eficiencia en la gestión de nuestras ciudades, más apremiante si cabe en los últimos tiempos a causa de la grave y enquistada situación económica que sufrimos.

La ecuación parece sencilla: sensores en la vía pública más aplicaciones de gestión de la información recabada, igual a optimización de los procesos de mantenimiento de servicios básicos. Los ejemplos clásicos que ya funcionan en diversos pilotos en nuestras ciudades son de sobra conocidos: recogida inteligente de los contenedores de basuras, sistemas de riego adaptados a las distintas zonas, sensores en los aparcamientos, sistemas de detección y regulación del tráfico,…

Desde luego, estamos ante una gran oportunidad de aplicar la innovación como elemento clave de la ciudad del futuro. Sin embargo, si pensamos en un escenario no sólo sostenible sino sostenido, que no se diluya en el tiempo como lágrimas en la lluvia, tal como ha sucedido con otras iniciativas en el pasado (recordemos sin ir más lejos la explosión de la domótica hace unos años y su escasa implantación hoy en día) lo anterior no es suficiente. Debemos trascender el concepto y darle una nueva dimensión: la del retorno social y la participación de los ciudadanos.

Tal como tuve ocasión de expresar públicamente,  el pasado jueves 29 de septiembre en la 10ª Diada de las Telecomunicaciones en Barcelona, reivindicamos la Smart Society como una evolución imprescindible del concepto de Smart City, que nos permite incluir en nuestra ecuación a las personas que van a hacer posible la transformación, tanto como los motores como los beneficiarios, y poniendo el acento en la necesidad de trabajar en los procesos como elemento esencial para que la tecnología utilizada proporcione resultados con un mayor impacto en la sociedad en el medio y el largo plazo. Si circunscribimos el concepto Smart únicamente a la tecnología estaremos condenados al fracaso, pues por un lado no conseguiremos optimizar los servicios a los cuales está destinada; y, por otro, no contaremos con la realimentación del resto de nuestro ecosistema: la ciudadanía y, por extensión, los habitantes de nuestro planeta.

Smart Society Isabel Ordoyo Diada Telecom 2011

Entendemos que la Smart Society debe ir más allá y englobar innovación, colaboración, participación y transparencia. Lo esencial no es tanto incluir ‘todo lo nuevo’, es decir ingeniería e innovación, sino partir de una filosofía de trabajo que permita detectar cuáles son exactamente las demandas y expectativas de la sociedad y decidir la mejor forma de darles respuesta. Para ello consideramos imprescindible el trabajo colaborativo, además de una mayor transparencia en los procesos.

En el fondo, estamos reivindicando que cualquier iniciativa Smart, además de un retorno económico o medio ambiental, debe tener un retorno social, y que éste debe pasar forzosamente por una nueva forma de interactuar con el entorno.

Para comprender mejor a dónde nos gustaría que se dirigiese esta Smart Society aún titubeante, pensemos en algunos ejemplos que combinan el gobierno abierto y la optimización de procesos y servicios que afectan a la vida de las personas, sean básicos o avanzados: la publicación on-line en Brasil de los gastos y dietas de los directivos de la administración, que ha redundado en un aumento de la mermada confianza en la clase política y en un descenso de la corrupción; las campañas electorales abiertas en Chile, aplicando transparencia en las donaciones recibidas por los partidos; la publicación en el Reino Unido de las tasas de éxito de la cirugía de corazón, que permite comparar a los pacientes y fomenta la competencia en los hospitales, consiguiendo un 50% de mejora de los porcentajes de supervivencia; el sistema de respuesta del Gobierno de Tanzania a los avisos recibidos desde zonas rurales en situaciones de escasez de agua, constituyendo una red de distribución más eficiente, rudimentaria pero inteligente; la legislatura abierta en Letonia, donde los ciudadanos envían peticiones on-line que se recogen en el propio Parlamento, y que supone dar la vuelta como un calcetín al lema del Despotismo Ilustrado del siglo XVIII: “Todo para el pueblo, pero con el pueblo”;  la posibilidad de seguir on-line la respuesta de la policía de Nueva York a los delitos y accidentes reportados por los ciudadanos a través de su teléfono móvil.

Entre muchas otras, estas iniciativas encarnan, a nuestro entender, el nuevo paradigma que proponemos para la sociedad inteligente:

Innovación + Ingeniería + Gobierno abierto (Transparencia + Participación + Colaboración) = Eficiencia + Eficacia + Rendición de cuentas  = Smart Society

Seamos, pues, eficientes; pero sobre todo, seamos socialmente inteligentes.

Isabel Ordoyo, Directora de Sector Público de Altran

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